BRS-004 — Diálogo · Diálogos entre tiempos 2026 · ES · EN · FR · ~8 min

Celle Qui Lit Trois Fois

El velo, tres veces leído.

Carta III: una abuela reza junto a una joven que lee, bajo un velo; una tele apagada flota sobre ellas.
Celle Qui Lit Trois Fois · seda y oro · MMXXVI — carta III de la baraja

Un velo nunca es una sola cosa. Como mínimo son tres, según quién lo mire.

I / Primera lectura

La abuela que reza

La primera manera de entender el velo no está en ningún libro: es una abuela que reza con él puesto. Lo lleva como se llevan las cosas heredadas — por costumbre, por memoria, sin discurso. Nadie se lo impuso esta mañana; lo lleva toda la vida, como parte de quién es.

Esta primera lectura merece respeto, exactamente igual que las otras dos merecen crítica. Si no se respeta la fe íntima de esa abuela, las críticas que vienen después pierden legitimidad. La fe personal no es el enemigo. Nunca lo fue.

II / Segunda lectura

Mernissi lee la historia

La segunda lectura la hizo Fatema Mernissi (Fez 1940 – 2015), socióloga marroquí. Creció dentro de un harén doméstico — una casa tradicional donde las mujeres vivían recluidas, con la calle prohibida — y acabó siendo una de las pensadoras más influyentes del mundo musulmán. Hizo lo que casi nadie había hecho: volver a los textos y a la historia para preguntar de dónde sale realmente la obligación de cubrirse.

Lo que encontró — sumado a lo que documentó la historiadora Leila Ahmed — se puede contar como una historia en tres actos. Primero (Mernissi, Le harem politique): el versículo del velo desciende en Medina en un momento muy concreto — la casa del Profeta daba a la calle, la ciudad estaba en guerra, y sus mujeres sufrían acoso al salir. El versículo crea una protección para un contexto. Segundo (Ahmed): la reclusión generalizada de las mujeres llega después, cuando los imperios musulmanes — los omeyas y los abasíes, las dinastías que gobernaron los primeros siglos del islam — copian las costumbres de las cortes que conquistan: en Bizancio y en Persia, velar y recluir a las mujeres era desde hacía siglos un signo de rango de las élites. Cubrirse se extendió como se extienden las modas del poder: de arriba hacia abajo. Tercero: siglos más tarde, los juristas convierten esa costumbre en norma religiosa. Conclusión de Mernissi: la obligación de cubrir a las mujeres creció con el poder político, no con la revelación. Y con eso la pregunta cambia: ya no es «¿qué llevas puesto?», sino «¿quién lo ha decidido por ti?».

Asma Lamrabet — médica marroquí, creyente practicante — sigue ese camino desde dentro de la fe, y su operación entera cabe en una frase: separar el texto de sus intérpretes. El Corán fue interpretado entre los siglos VIII y X por juristas — hombres, todos — y sus dictámenes se transmitieron de generación en generación pegados al texto, hasta tratarse con el mismo respeto que la revelación misma. Lamrabet vuelve al texto sin esa capa encima y encuentra que mucho de lo que se presenta como mandato divino es, en realidad, opinión medieval. Las dos dicen lo mismo con palabras distintas: la opresión no viene del texto sagrado; viene de quienes lo administran. Criticar eso desde dentro de la propia religión no es traicionarla: es quererla con los ojos abiertos.

III / Tercera lectura

La pantalla apagada

La tercera lectura ocurre lejos, en una televisión: el velo convertido en espectáculo. Se habla muchísimo de él y se escucha muy poco a las mujeres que lo llevan; cada cual proyecta en él sus propios miedos.

La historiadora Joan W. Scott lo demostró con un caso concreto. En 2004, Francia prohibió por ley el velo en las escuelas públicas. Scott estudió el debate entero — parlamento, prensa, tertulias — y encontró que se hablaba de la República, de la laicidad, del pasado colonial francés en Argelia, del miedo a la inmigración. De todo, menos de las alumnas concretas, a las que casi nadie preguntó nada. Muchas llevaban el pañuelo por decisión propia, y fueron expulsadas de clase en nombre de su propia liberación. Su conclusión: la prohibición del velo dice más de quien prohíbe que de quien se cubre.

Por eso en la carta el televisor está apagado. No es para silenciar el tema: es para poder escuchar las otras dos lecturas — la de la abuela y la de Mernissi — sin el ruido de fuera. Apagar la tele es el primer gesto de respeto, y también la condición para criticar en serio.

Las tres lecturas juntas llevan a una sola conclusión: el velo elegido y el velo impuesto no son la misma cosa, aunque sea la misma tela. Defender a la abuela que reza y defender a la que decide quitárselo es la misma posición: estar contra la imposición — venga del régimen que obliga a ponérselo (Irán lo impone desde la revolución de 1979; los talibanes lo imponen hoy en Afganistán) o del prejuicio que obliga a quitárselo.

// Fuentes citadas

  • Fatema Mernissi. Le harem politique. 1987.
  • Leila Ahmed. Women and Gender in Islam. 1992.
  • Asma Lamrabet. Femmes et hommes dans le Coran : quelle égalité? 2012.
  • Joan Wallach Scott. The Politics of the Veil. 2007.

// Para seguir leyendo

  • Fatema Mernissi. Beyond the Veil. 1975.

Cubrirse no silencia a nadie. Obligar, sí.

// La baraja — Diálogos entre tiempos

Cada expediente es un arcano. La baraja se completa carta a carta, una historia cada vez.